Derecho a Recordarte

                   


Esta noche me tomé una licencia,
más que eso una atribución,
sé que he dejado de recordarte un par de meses
pero siempre estás latente
eres mi herida favorita, siempre ardiendo
siempre destrozándome, haciendo de mí un harapo;
tuve el coraje y bruteza de dar un paseo por el cementerio,
sí, el cementerio de nuestros recuerdos, lápida por lápida
instante tras instante, dolor y amor.

Recapitulé y establecí que fuimos
qué somos y qué nos pasó,
ya ésto es más que un ritual es una dogma en tu nombre
que siempre da resultados diversos, otros puntos de vista, otras deducciones, otros dolores, otras pasiones.

Pues bien más allá de que desglosé átomo por átomo el conjunto de vivencia compartidas, me hace recordarme el porqué, el por qué de mi amor, de mi devoción.
Sé que sólo safo de ésto porque ya acostumbré mi alma a la autoflagelación, leí un par de cosas, refresqué un par de besos polvorosos, afiné un par de encuentros en el lecho, como me desmorono al sólo rebobinar cada fragmento de segundo de aquello, qué placer más fatal!

Sin faltar a la verdad he querido borrar una y otra y otra vez todo ésto, te juro que a veces estoy a punto de lograrlo, en serio, pero sucede que para olvidar hay que recordar, y cada vez que intento desvanecer aquello me aferro aún más al pasado, mis recuerdos son lo único que tengo y tú ahí siempre vivirás, 
ahí siempre estarás,
ahí es donde perteneces,
ahí es donde estás junto a mí,
y ahí es tu lugar.

Mi anhelado otrora tan perfecto y fácil de ir a revivir lo muerto ya.

En conclusión amada mía, ¿No te bastó con la vida que te di?

Comentarios