Efímera Compañía
Rutina, rutina y más rutina, ya el levantarse en la mañana me parece un castigo, soñar millares de aventuras inconclusas y romances pobres de novelas baratas y de un golpe, el estruendo de la alarma me arrebata de ese tan añorado mundo onírico. Música de ambiente, suenan los Smiths, adoc para levantarse con un temple de ánimo decadente. Caminar hasta el paradero de la micro B10, sentarme en el gélido asiento de acero del paradero, esperar, esperar y esperar. Las mismas viejas con cara de perro, el señor de traje que en una de mis aventuras imaginativas soñé que era un lustrador de zapatos honrado pero en las tardes le ponía empeño en las micros carteriando, los pendejos de siempre llorando por algún motivo que escapa de mi entendimiento y así dos años secuenciales divisando el mismo panorama en ese paradero. El pequeño consuelo que me hacía leva...