Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2014

Efímera Compañía

                                   Rutina, rutina  y más rutina, ya el levantarse en la mañana me parece un castigo, soñar millares de aventuras inconclusas y romances pobres de novelas baratas y de un golpe, el estruendo de la alarma me arrebata de ese tan añorado mundo onírico. Música de ambiente, suenan los Smiths, adoc para levantarse con un temple de ánimo decadente. Caminar hasta el paradero de la micro B10, sentarme en el gélido asiento de acero del paradero, esperar, esperar y esperar. Las mismas viejas con cara de perro, el señor de traje que en una de mis aventuras imaginativas soñé que era un lustrador de zapatos honrado pero en las tardes le ponía empeño en las micros carteriando, los pendejos de siempre llorando por algún motivo que escapa de mi entendimiento y así dos años secuenciales divisando el mismo panorama en ese paradero. El pequeño consuelo que me hacía leva...

Derecho a Recordarte

                    Esta noche me tomé una licencia, más que eso una atribución, sé que he dejado de recordarte un par de meses pero siempre estás latente eres mi herida favorita, siempre ardiendo siempre destrozándome, haciendo de mí un harapo; tuve el coraje y bruteza de dar un paseo por el cementerio, sí, el cementerio de nuestros recuerdos, lápida por lápida instante tras instante, dolor y amor. Recapitulé y establecí que fuimos qué somos y qué nos pasó, ya ésto es más que un ritual es una dogma en tu nombre que siempre da resultados diversos, otros puntos de vista, otras deducciones, otros dolores, otras pasiones. Pues bien más allá de que desglosé átomo por átomo el conjunto de vivencia compartidas, me hace recordarme el porqué, el por qué de mi amor, de mi devoción. Sé que sólo safo de ésto porque ya acostumbré mi alma a la autoflagelación, leí un par de cosas, refresqué un par de besos polvorosos, afiné un par ...

Receptáculo de Fuego

                                          Ascuas letales, llamaradas de odio. Eres aquella fogata que me abrazó y me cuidó del frío, pero cuando bajé la guardia, quemaste lo mejor de mí, extinguiste hasta mis cenizas, tus manos son brasas para mi cuerpo, por más acogedora que fueras eres mi muerte, eras la lumbre que me guiaba en la penumbras y cuando por fin encontré el camino te apagabas cual vela en la tempestad de una tormenta. La paradójica vida hará que tu fulgor de oculta asesina arda en la hoguera, cuna de tu natalicio, eres ágata de fuego, maniobra peligrosa, creía controlarte, terminé calcinado contra tu esencia.  Tus besos era una ignición instantánea, me desintegraban, que adición más dañina. Cuantas heridas me hiciste mujer y ni si quiera sangran. Terminé quemando mi alma por tu lujuria caprichosa, vaya que placer más candente, por más que haya sido tortuoso, ...