Tu Tempestad y mi Calvario
Mis buenos tiempos se marcharon con tu adiós, aquel adiós que resuena cual eco en mi mente, se amplifica a cada día y su intensidad se dispara, hasta proyectarse hasta más allá del horizonte que mirábamos por las tardes, y por más que hago oídos sordos este eco me carcome por dentro, de ser mi astro letal pasaste a ser el cáncer más agresivo, y lo peor que no hay quimioterapia que me sane. Admito estar bajo la dictadura de mi propio corazón, tirano y condenado se encuentra, escondido entre rasguños y cicatrices, aúlla por auxilio de tu ausencia, que triste y aturdido me dejó. Te juro que esa noche morí por dentro, pero la miseria que dejaste en mí no te conmovió en lo más mínimo, porque cuando yo muero tú comienzas. Y entre tantos no me olvides, lo hiciste sin aversión un junio por la tarde azulada un muy...