Tu Tempestad y mi Calvario
Mis buenos tiempos se marcharon con tu adiós,
aquel adiós que resuena cual eco en mi mente,
se amplifica a cada día y su intensidad se dispara,
hasta proyectarse hasta más allá del horizonte que mirábamos por las tardes,
y por más que hago oídos sordos este eco me carcome por dentro,
de ser mi astro letal pasaste a ser el cáncer más agresivo,
y lo peor que no hay quimioterapia que me sane.
Admito estar bajo la dictadura de mi propio corazón,
tirano y condenado se encuentra,
escondido entre rasguños y cicatrices,
aúlla por auxilio de tu ausencia,
que triste y aturdido me dejó.
Te juro que esa noche morí por dentro,
pero la miseria que dejaste en mí
no te conmovió en lo más mínimo,
porque cuando yo muero tú comienzas.
Y entre tantos no me olvides,
lo hiciste sin aversión un junio por la tarde azulada
un muy crudo invierno, demasiado crudo,
era tal que me recalcitró hasta los huesos.
Fue demasiado el tiempo que me engañaste,
haciéndome creer que después de las tinieblas
podía esclarecer, y pasan cadenas de noches
y aún espero el amanecer que me prometiste.
Fúgate para siempre de mi vida,
huye más allá de las montañas,
naufraga en una aldea de errores,
y resígnate a extinguirte y volverte cenizas.
Ahora vete, ¡vete!, por favor vete
con mi último soplido de misericordia,
y si es que renaces que sea a mil noches
¡sí!, mil noches de mi tumba maldita.
Esto es lo más parecido a la muerte,
de hecho estoy seguro que es la muerte en vida,
y esto lo confirmo con mirar a mi alrededor:
sólo veo rostros vacíos con historias que jamás me importarán.
Supongo que debo ser firme con mi problema,
pero me haces sentir tan insignificante, obsoleto.
Cada cosa que veo es un maldito recordatorio de ti,
trazo en mi mente bocetos de nosotros,
deleitándonos de nuestra desgracia,
hay veces en que pierdo el recuerdo de como eras,
desespero, barajo entre mis fotos y anhelo el regreso,
yo no quería que fueras la quimera entre mis pensamientos,
ni que fueras parte de mis pesadillas favoritas,
sólo quería que fueras la mano que sostuviera la mía.
Contigo me daban ganas de respirar,
pero ahora que te desvaneciste junto con el sol en su ocaso,
ya nada me apasiona, sé cual es mi fin, y ese es:
un día de estos olvidar como respirar.
Comentarios
Publicar un comentario