La Antonomasia del Centinela

                               

Envidio al valiente ermitaño u otro ser capaz de desligarse de todo lo que tenga que ver con protocolos y cánones emocionales. Ser totalmente autovalente y poder seguir su camino sin raíces en el alma que lo arraiguen a amores perdidos. Pero lo que más envidio de ellos es que no sufren penas por la dependencia de afecto, se hacen un favor a sí mismos y matan todo lo que aman para ser felices entonces quedan desamparados y sin nada, por ende, no tienen nada que extrañar. No conocen la esperanza ni promesas frágiles.

En cambio heme aquí añorando tu regreso cual perro fiel y leal que aunque nieva o truene se mantendría ahí, para que lo guardes y alimentes, alimentes con caricias pobres, con abrazos fulgurantes, con besos secos pero saciadores; viviendo en una suerte de cuento estereotípico esperando por alguien que quizás nunca nació o que murió hace mucho.

Es hora de callar bocas e ignorar consejos: ¡Ya es hora de que todo vaya bien!, o por lo menos más o menos. Hasta que pase eso me ahogaré en soliloquios y refutaré al universo entero.

Así que en síntesis sólo dormiré  una noche más contigo o tal vez dos. ¿Quién sabe?

Comentarios