Soliloquio de Matiné

El haberte perdido me hace cuestionarme a mi mismo por qué te perdí,
me hago serias preguntas retóricas y absurdas;
¿qué no te di?
¿en qué fallé?
¿por qué no se soluciona?
¡POR QUÉ, POR QUÉ!
no te puedo recuperar.
Vagas y amargas respuestas nacen.
Y principalmente una fatal conclusión:
Siempre ha sido así conmigo, lo siento...
Jamás he sido bueno para los finales felices.

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