Mors Pact

Para comenzar, no escribo esto para dar una explicación ni mucho menos excusas, sólo les contaré una vaga historia que se pierde entre los parámetros de mi memoria, procedo.
Una serie de casualidades me llevaron a conocer a Victoria, la mayoría no las recuerdo bien, les mentiría si le digo que es lo más hermoso que me ha pasado, que es todo lo que yo quería de una mujer, que cambió mi vida, que por ella soy mejor persona, sería una vil y puta mentira, perdonen la expresión pero me comprenderán…
No sé por qué cresta me busco puras minas locas, siento que hay algo que me llama a ellas, una especie de imán, ese aire de animal salvaje e indomable es mi veneno favorito que con placer disfruto mi lenta muerte, me gusta extinguirme en la desgracia, sentir que he caído en lo más bajo de la tristeza y dolor, masoquista emocional o algo así se llama qué se yo, divago perdón.
Victoria era la clase de mujer que no busca una relación, son complicadas y sólo causan dolor y lástima, no se amarra, no cree en el amor, y blá blá, típica mina misteriosa resentida por un cabrón “chico malo”, en el fondo está más sola que yo y sólo busca compañía, no es tan diferente a mí. Podría estar todo el relato pelándola por sus defectos, nombrar las causas de mi odio hacia ella, pero lo que más odio de ella es que me hizo enamorarme de su caos indómito e impredecible, ¡ay mujer, me tienes anestesiado con tu hiel!
Creo que ya los estoy lateando con tanta victimización, ella no fue tan mala, hubieron ayeres hermosos junto a ella, nos amamos hasta la hebra, pero sólo nos dimos cuenta después de lo nuestro, ahora se me hace sentido la frase de que “sólo se ama en pasado”, qué suerte la mía. Junto a esta bruja, digo Victoria aprendí muchas cosas, otros besos, otras caricias, otros llantos, otras heridas, otras miradas, otros dolores, otra realidad, ya al mirar sus ojos de fiera acorralada (la primera vez) sentí que sería mi catástrofe premeditada más hermosa de mi vida, incluso hasta poética.
Solíamos juntarnos en el puente de Santa Ana por las noches, ni hablábamos, sólo nos acompañábamos, estar cerca de ella era tan escalofriante, su piel era un témpano y sus labios eran de nieve invernal, sus abrazos era frígidos con el aire astral, pero ese hielo quemaba, me hacía arder hasta la punta de los pies, sentía que deteníamos el mundo y nos apartábamos de él, nos columpiábamos por la delgada cuerda de la levedad, así siempre fue con ella nunca hubo consistencia sólo relatividad, ¿cómo no enamorarme?.
Cuando empecé a caminar por el infierno de su corazón, conocí sus demonios, los espectros que la agobiaban cada día, intenté sanarla y sacar aquellas penumbras de su oscura alma, corriendo el claro riesgo de ser sumido en ese mundo también, pero por ella corrí el riesgo.
En cada cicatriz en sus brazos, me contaba una historia, esa pena, esa equivalencia de intercambio de dolor, cambiar el dolor mental por el terrenal, que es más aceptable, sus marcas lloraban sangre al igual que sus ojos de triste muñeca de porcelana, estaba débil, se sentía morir y sus brazos no resistirían más cortes, en el momento como la generalidad de las personas encontré que era una estúpida, ¿cómo se corta?, hay muchas salidas, pero no, ella no tenía salida estaba en un laberinto sin salida, estaba sola, lamentablemente es la persona más solitaria que conozco, entonces decidí comprender su dolor, enpatizar en toda índole y cargar con su resentimiento, angustia y tortura.
…”Victoria, por cada corte que te hagas yo me cortaré también”…
He cometido errores en mi vida y éste.
Cruzó mi cara con una aguda cachetada que hasta de equilibrio me sacó, me escupió en la cara, y me insultó hasta que su saliva se agotó, me dijo que no sabía en lo que me estaba metiendo, ella no quería un esclavo sellado con marcas de filos sin razón, quería un redentor, quería morir, estaba harta de vivir así, lo único que la hacía despertar por la mañana era nuestro trabajoso y efímero amor, que gritaba llamas en su ausencia. Le dije estamos juntos en esto, (estaba cagado de miedo en lo que iba a hacer, jamás lo había hecho), no titubeé ni por un instante, en serio quería cargar con todo el pesar por ella, yo venía apagándome de hace un tiempo en cambio ella, ardía de vida, sus pasos florecían el asfalto, rejuvenecía las alamedas y me enamoraba hasta la muerte. Hasta este día inmerso estoy entre el odio y el amor, se me estaba  escurriendo entre los dedos su lánguida vida, no oía, ya no pertenecía a este mundo, le dije que le daba mi vida a cambio de quedarse, perdía el control, pero jamás la solté, jamás.
Lamentablemente se volvió a cortar y fiel a mi palabra me sumergí a ese submundo, que placer causaba, sólo el que lo hace comprende el placer y la liberación del alma, esa flagelación que causa una catarsis infinita en un segundo, como me aseveró me volví adicto, los dos estábamos hundidos en la mierda, pero estábamos juntos, aún la lumbre de un ínfimo amor quemaba, cuando estás cerca de la muerte recién comienzas a vivir. Todavía sigo convenciéndonos que seguimos con vida, que hay más para los dos pero ella ya había cumplido su sentencia en este planeta, me abandonaste y te odio por eso, por lo menos debiste volver e inventar una despedida, al menos fingir que tuvimos una.
Sólo veo sombras de nada, me encuentro bajo la dictadura de mi propio corazón y soy un prisionero de mis consecuencias, cada maldita cosa que veo es un recordatorio de ti, estoy enloqueciendo, pero es lo que merezco, ¿no te bastó con la vida que te di?, a que no sabes que he caminado tras tus huellas siguiéndote. No saco nada con descripciones caóticas de mi miseria. Poco y nada saqué en limpio pero sí una cruda conclusión:
No puedo vivir con este poderoso vacío, quizás en otras muertes nos encontraremos y nos amaremos por esta y muchas veces más, cumpliré con el MorsPact, este mundo no estaba hecho para nuestro amor por eso decidimos abandonar éste y crear uno nuevo en donde por fin podamos amarnos.
Y así es por ahora, lo lamento, jamás he sido bueno para los finales felices.

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