Muerto en Vida
Cuando lo real supera a la ficción, conocí a Miguel un sujeto escuálido pero con un brillo opaco en sus ojos, nada extraordinario si les digo que era un vagabundo, no me malinterpreten lo digo porque si están en la calle guardan consigo el motivo voraz que los devora y desmenuza mientras el día y la noche son cómplices de sus muertes silenciosas y camufladas por el paseo absorto de nosotros. Creo que me pidió una moneda para la Fundación Mi Caña, método acertado ya que me gusta la triste pero simpática realidad (añado tardíamente que me molestan los limosneros). Estaba con una amiga conversando al momento que él llegó, como tradición preparaba la corretiá pero después del chiste, al mirarlo a los ojos sólo por un instante tocó la hebra más acorazada de mi ser, sentí una compasión de mí por lo que él me enseñaría. Muy patúo aprovechando mi titubeo casi asumiendo que sí preguntó si se podía sentar junto a nosotros siendo que ya se había sentado, creo que me agradó enseguida, miré a mi amiga y asumí que estaba incómoda pero hay que hacer sacrificios aunque no sean personales. Debo remarcar en demasía el desplante al hablar de Miguel, manejaba las palabras como el viento la tempestad y claro que lo sabía también. Ingenuo y curioso le pregunté al hueso que él no era como los otros y por qué vivía así (demasiado en tan sólo un par de acotaciones, claro lo maté). Intentó con toda su alma retener las lágrimas y serenar la voz y me dijo:
-He esperado años esta pregunta.
Supe que escarbé demasiado y estaba muy ansioso, no sé si él estaba más emocionado de por fin expiar los demonios que lo acosaban o yo y mi caprichoso deseo de escuchar. Miguel era un hombre caucásico, tenía la nariz chueca (también descubrí que fue boxeador) y el típico ropaje que podía mantener, mentiría si les dijera que al fin y al cabo era un hombre feliz a pesar de todo.
Miguel estudió derecho en la UCh, estaba en su último año (quién lo diría, todo tiene sentido ahora), y hacía su práctica con su familia, que eran todos abogados y tenían un bufete familiar y arisco. Podía mantener una vida normal pero casi. Tenía una esposa llamada Andrea y una hermosa hija la cual nombró Francisca.
Haré un aparte porque ahí saqué mi cajetilla de cigarros y prendí uno para amortiguar lo que se venía, le ofrecí casi seguro que lo aceptaría, no me dijo nada y sólo me miró con detenimiento, me dijo que le recordaba a su viejo, lleno de vida y con la soga al cuello (me confundió un poco, odio que lo hagan) rechazó el cigarro amablemente y dijo que no podía poner entre sus labios al asesino de su padre, uf.
Cuando nombró a su hija no pudo contener la bomba nuclear que llevaba dentro, pedía a gritos decir su nombre en voz alta (tejía la historia en mí) me habló mucho de su hija, hasta el sol se puso, recuerdo que si algo trascendió más allá de mi experiencia fue que si yo conocía al amor de mi vida, inútil y hasta débil me sentí, se habían dado vuelta los papeles pero preferí decir que no, él lo supo de inmediato y me perdonó con la mirada, me dijo que él lo encontró en su esposa al menos eso creía pero el amor de su vida nació de ella.
-Cómo vas a saber tú qué es el verdadero amor si no has sentido su corazón mientras sujeta tú dedo con su manito como si fuera lo último que le quedara, ella siempre ha sido el amor de mi vida.
(Créame que lo sé)
Y con el sol naciendo en Francisca se eclipsó su matrimonio, él se sacaba la cresta y había forjado el camino, tenía su casa y su propio auto, lo tenía todo hasta la maldita suegra, como él pasaba de la universidad al trabajo para luego intentar mantenerse de pie para compartir con su familia, pero no bastaba para el madre de su esposa que esta sin asco oxigenaba la idea de una amante en la cabeza de su hija, hasta coartada tenía. Miguel cauto pero no omnipotente presentía esto. Un día decidido poner los puntos sobre las ies, pero encontró su casa allanada, vacía al igual que su corazón, corrió raudo al dormitorio de su hija en vano para ver más paredes que cualquier otra cosa. Quizás creyó con la desesperación y la ayuda de la autocomplacencia que todo era una broma de mal gusto pero no lo fue o más bien sí, notó un sobre que estaba donde solía estar la cuna y contenía dos cartas :
1ra) Era los motivos de la marcha de su vida, la infidelidad ficticia, la inseguridad inculcada, la victimización y me reduciré para no volver personal esto. Le habían extirpado a su hija y sus bienes, además del exigirle el divorcio ¿podía ser peor?.
2da) Sí, eran las facturas de unos pasajes a Francia corcheteadas en la esquina superior derecha de una demanda por pensión alimenticia.
Sostuvo por unos largos segundos la respiración y se tomó al seco el tinto que llevaba bajo el brazo, trató de asesorarse con sus hermanos también abogados pero su suegra había sembrado y no sólo eso regado el cahuín de su "cagazo", se le cerró la puerta de quienes mas lo esperaba (siempre se sintió abstraído de sus familiares no así de su amado padre), bueno estaba acabado y la demanda más el divorcio lo obligó a empeñar cada cosa que poseía, y ya se había marchitado.
Insistí erróneamente en que luchara de nuevo por su familia, por su hija. De nuevo me petrificó con su mirada. Volví a la carga para recordarle que no todo estaba perdido, podía hacerlo por sí mismo, salir de esta podredumbre pero me respondía con parsimoniosa sonrisa. La deuda de la pensión era tan alta que trató y logró salir del abismo sólo para que le arrancaran todo y volver a dormir bajo o sobre una banca dependiendo del clima, volver a comer asustado (si es que comía) por si lo veía otro y le pegaban para quitarle su comida. Hubiera preferido no ser idealista en ese momento.
Trató de interponerse y reconstruirse pero hasta los cimientos eran cenizas y hasta las cenizas eran estériles y yo, pues yo nada.
Divagaba mucho y algunas veces balbuceaba, pero siempre con una loca cordura, enhebraba como tomaba así de bien. Entre eso y más soltó que estaba maldito, estaba muerto en vida. Creo que cuando me dijo eso dejó parte de él en mí.
Su discurso era claro lo fue todo para terminar siendo un don nadie para después de eso recién comenzar a conocerse. Lo tuvo todo y terminó empuñando vacía la mano. No tenía nada salvo una cosa AMOR (hasta yo creí que era un consuelo absurdo). Supo en seguida lo que pensaba y me dijo:
-No hueón, no es tan absurdo como crees y es mas simple de lo que piensas, puede que no tenga nada pero en verdad lo tengo todo y en una sola palabra, Amor (le seguía dando con eso). Tengo tanto amor inconcluso por dar que finito no es, no tengo a quién brindarlo y hoy pude gracias a ti, antes y después estará el amor amigo mío, ganes o pierdas, siempre te acompañará quizás en una frágil forma de cristales que son memoria a esta altura. Vuelve a amar y dalo siempre que puedas, no como una moneda de cambio sino como una redención, así no se vive tan mal y se muere mejor, ama hasta decir basta y repite el proceso, por favor nunca dejes de amar.
Quedé helado como un puto iceberg, no salía voz y era tarde (debíamos irnos ya con mi amiga, teníamos compromisos) y como si fuera parte del espectáculo se despide y me pide si podía abrazarlo, no era necesario que lo pidiera porque ya lo hacía. No puedo plasmar ese momento, quedaría a mitad de camino, me faltan palabras. Y lo vi partir al alero del Forestal perdiéndose entre los árboles y la luna.
Ese día supe que yo necesitaba más a Miguel que él a mí.
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