De mí

Hoy fue un día muy retroalimentador, pude comprender otras realidades, otros dolores y pasiones, otras soledades. Fue demasiado en un sólo día y pesa como el planeta sobre mis hombros, de cierta manera siempre conozco más de mí a través de los demás, no puedo asegurar que la compasión sea la llave maestra para la comprensión pero claramente es una redención solemne. Entender a otros es una de mis cosas favoritas, prefiero escapar de mi ser y buscar otros lamentos o incertidumbres, ser más que un centinela cauteloso que observa atento sus mundos, no pretendo saciar mi sed de emoción o apelar a la intermitente coalición sólo escapar de mi propio caos para sentir el de otros.
Hubieron tres cosas que me condicionaron y llevaron a escribir esto: un tipo que creía saber de mí porque leía mi blog (puede que tenga mucha razón o esté completamente equivocado pero tiene algo a favor, escribo siempre un poco de mí en cada cuento o poema, se retiene vida mía). Un amigo fugaz que no me conoce que con precisas y sinceras palabras me definió tan sublime que me estremeció hasta la médula. Y por último un ex compañero de liceo que abrió una conversación que me llevó a reflejarme en él.
En esta ocasión decidí hablar de mí, no de una forma que enaltezca mis virtudes o satanice mis defectos, sólo les quiero ser sincero y hablar del pseudo hombre que intento ser.
Me pasé los últimos años de mi vida en interpretar la vida que olvidé vivirla, siendo ese uno de mis peores errores. De niño soñaba con ser abogado para poder defender a los necesitados, luego estudié psicología para sanar el dolor y guiar al mutuo entendimiento, siempre quise e intenté ser una buena persona, quería el reconocimiento más que la gratificación. Busqué sin demostrarlo la aceptación que nunca tuve, solía inspeccionar en miles de personas pequeños malestares para conciliar sus almas maltrechas y muchas veces lo conseguí, logré ver su retribución y felicidad plasmada tras unos ojos sin luz pero vaya sorpresa al ver que no eran más que los míos reflejados en un par satisfecho. Siempre quise ser especial y recordado por mis hazañas y preocupación por el prójimo, fui tan egoísta conmigo, jamás me calle ante la injusticia pero siempre guardé silencio ante el yugo de mi autoaceptación.
Caí mil veces y me levanté otras mil, tropezando con la piedra que hubo siempre. Llené ese vacío con amistades donde pudiera terminar el horizonte de mi mirar y tapé el resto con infructuosos amores sutiles y amurallados. Convencido de mi extraña singularidad me ahogué inmerso en un mar de  pensamientos donde las olas no eran mas que el rebaño al cual pertenecía, jamás he sido extraordinario, me dolió sobreponerme pero hay cosas más importantes que esas trivialidades.
Poseo de mi lado amigos inconmensurables y valiosos que con sagrado énfasis vislumbré y que protego con la poca vida que me queda esa es una de las mejores cosas de mí; mi familia es una extraña mención porque rara vez hablo de ellos, antes era por vergüenza pero hoy lo haré porque me da la puta gana, mentiría si les dijera que los amo y son los mejores, pero de ahí vengo, no soy mejor ni peor que ellos. Cuando oí la frase uno no elige a su familia como si por obligación tuvieras que soportar todo lo que es sin siquiera chistear, nací huérfano y con extraños igual o más desenfocados que yo, una extraña y malísima broma de la vida mi familia, es como un convidado de piedra que debes atender hasta que te mate por tu hospitalidad. No son los mejores pero tampoco los peores, el ser humano nació familiarizado y yo también. Esta familia está maldita como si no debiésemos convivir y nos hace lobos esteparios, sana forma de recordarnos es alejarnos. A pesar de eso no los cambiaría por nada sería muy problemático.
Volviendo a mí soy de los clásicos melodramáticos que se entusiasma demasiado con las emociones, la imposibilidad es mi factor favorito, creer que lo pasajero puede ser eterno o que lo trascendente no es  más que un flujo temporal. Escribo cosas que sé que les gustaran, ¿quieren sinceridad?, les doy en el gusto para saciar algo tan banal y mundano como un capricho, lo real de esto es tan inverosímil como mi decadente sonrisa. Lamento hablar de mí porque hasta a mí me asusta hacerlo, no conozco mis límites y me sorprendo con lo mal que puedo explotar esa incongruencia. Sólo buscamos una identidad, leemos no lo que nos gusta sino lo que nos identifica, su constructo personal está basado en el de miles más pero sé que me dirán somos seres sociales, obviamente somos una refinada telaraña que enhebra de la más alejada a la más cercana persona para terminar con la meticulosa encrucijada.
Quieren que les hable más de mí, olvidé quien solía ser porque eso uds lo construyeron, nada aunque lo pareciera fue mi verdad, solo concebí una historia lo suficientemente convincente como para vivirla plácidamente. Qué es real, díganme por favor porque no quiero acabar mi vida sin poder valorar las cosas, no me molestaría volver a vivir la mentira, si es tan bonita y me anestesia permanente por siempre pero despertar de un despertar deshace lo terrenal de ti y desprende la poca humanidad que nos queda.
Cada vez quiero hablar menos de mí y decir que fue una experiencia fenomenal pero las nubes siempre cubren el sol por intervalos, yo quisiera ser recuerdo mas que vivencia. Perdí la pasión y la siento arder aunque sean cenizas pasadas, aún hay de ese niño que soñaba con cambiar al mundo e ilusionaba y hacía creer al resto. Hoy no soy mas que un vago letargo haciéndose el interesante y misántropo. Me aburrió el amor y los lazos, cubrí mis ojos porque Edipo me dijo que era buena idea, prefiero perder mi visión a intentar entender la masacre que hay ante mis pies, tengo derecho a darme por vencido si así lo deseo, cumplí conmigo y con el mundo por eso decido abdicar a la vida y abrazar las frívolas manos de la muerte, porque si no tuve vida en la vida quizás la halle en la muerte.

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