Parálisis de la Verdad
Odio cuando muerdo el anzuelo de un simple sueño solapado bajo el desastre de una parálisis, comienza como si un auto de fórmula uno usó mi cabeza de pista y el ensordecedor estruendo de su carrera es el comienzo de una oscura sensación mortal. Luego viene la desesperación por mi ajetreada mente que entra en un caos al no reaccionar mi cuerpo, mi voz se quema con el suspenso y mis ojos comienzan a distorsionar la realidad o también la ven más claramente, tanto así que hay cosas que miro y no pertenecen a este mundo escapan completamente a mis nociones y el volcán explota. Soy dueño de una visión anárquica y una respiración limitada. Veo danzar a criaturas amorfas sobre mí, riéndose de mi imposibilidad de movimiento y burlándose de mi desesperación, otros viajan entre la tela de este mundo y el de una dimensión oculta pero viva. Algunos son antropomorfos y sólo miran mi desgracia y para rematar el sacrilegio carecen de rostro lo que me hace querer dejar de respirar. Lidiar con esto fue un sacrificio para mí ya que duermo muy poco por el temor a caer de nuevo en ese profundo sueño consciente, ocasionalmente en uno de estos tétricos viajes pude tener un poco más de control sobre mí, ya que ahora no eran tan sólo esas bestias, podía ver personas vagando, como condenadas irremediablemente a recorrer el final una y otra vez.
Ya no era sólo horror también comenzaron las reflexiones y la curiosidad nació: comencé a inducirme estas parálisis (si dormía mirando el techo ocurría por lo general) sabía que jugaba con algo peor que el fuego, una realidad incomprensible e incoherente por eso mismo alenté mi deseo de comprender tan caótico plano. Los experimentos fueron experiencias realmente crudas y cada vez eran más frenéticas y horribles, pero le cogí el ritmo, al cabo de un mes podía controlar mi respiración lo que facilitaba la ocasión de interactuar, la desesperación era cada vez más escasa y me envolví de coraje.
Cuando comencé a interpretar y observar mejor mis alrededores comenzó el vicio de lo prohibido, hasta que un día pude levantarme de mí, creí que había despertado,¡iluso!, pude verme como nunca lo había hecho, me miré a los ojos y sucumbí a la intransición y volví. Pasaron meses para volver a armarme de valor, le comenté muy por debajo de la mesa a mi mamá este tema de los desdoblamientos y la reacción de ella fue aún más increíble que las parálisis. Me subió y bajó por una escala de chuchás de alto calibre, incluso lloró y yo no entendía ni mierda. Al fin calmada me contó que es una habilidad que está en los genes de nuestras familias y era hereditario (¿¡Qué!?) me advirtió de lo peligroso que eran estas incursiones y que estaba en mi criterio la decisión de continuar o abdicar. La presioné para que me contara qué cresta era esa realidad alterna, fue rotunda en decirme que era mejor que no supiera pero si quería saber más corría por mi cuenta. Sin embargo me contó sus vivencias, pasó por lo mismo que yo pero llegó mucho más lejos de lo que podía contar, perdió mucho y jamás olvidará y para terminar la amenaza dijo que si me obsesionaba demasiado jamás iba a volver. No entendí mucho así que busqué por internet a qué se refería mi mamá, no demoré mucho en encontrar el peor de los casos: un eterno coma. Ya los costos eran muy altos pero mi convicción lo era aún más, sabía que si no volvía en mí el viaje astral sería una estadía permanente.
Tenía el fuego en mis manos y lo usaría a mi favor, tomé una semana en alistar mis ideas y reconfortarme según las medidas. No había vuelta atrás y mis ganas se consumían, cayó la noche y con ella la ansiedad aunque sentía la presión en las nubes mi decisión anclaba todo malestar, la cama se desfiguraba y se tornaba un féretro donde iniciaba la expedición a lo desconocido. Antes de caer dormido casi pude sentir la voz de alguien susurrarme al oído que no fuera, demasiado tarde para claudicar. No tardó el zumbido cual relámpago cruzar mi espíritu franqueable, contuve mis vacilaciones a línea y comenzó la travesía real. Esta vez sentía que los espectros confabulaban en mi contra casi por completo lo que frenaba mi norte, pero pude despegar a pesar de lo irracional de la situación, me despedí de mi cáscara y olvidé todo lo que dejé atrás.
Por primera vez en mi vida sentía que era parte de algo y me encaminaba a la comprensión de la realidad, podía cerrar las ojos y dejarme deslizar por la absoluta inmensidad, me mecía el vacío y yo me ahogaba gratificantemente, no era tierra de hombres después de todo aunque tanto flotar ir de aquí para allá me hizo recordar que un hombre alado extraña la tierra.
Un escalofrío recorrió mi espina hasta la horma del pie. Un furioso tormento con forma de caudal me arrastró y sacó del éxtasis irremediablemente para caer al antro más espeluznante y sombrío que visto, no estaba asustado estaba anonadado, nulo incluso sumido en la entropía. Era una macabra ironía de los seres oscuros que habitan y controlan esta fase, una casa fantasma, llena de atracciones para tener pesadillas hasta el día del aliento final.
Comencé en una habitación cubierta por todas partes por diarios, era sofocante y la sensación se escurría entre mis dedos (era difícil sentir) estaba encerrado entre noticias y artículos, me desesperé, busqué una puerta o salida, sellada por las inertes hojas de los periódicos pero mi sorpresa fue aún mayor cuando me acerqué a leer las noticias, me petrifiqué al notar mi vida trazada con lujo de detalles y con una técnica oscura y sin igual, era fascinante y nocivo porque no sólo había pasado detallado sino mi futuro sesgado, me enteré de cosas lamentables e irreversibles, creo que apagó muchas velas dentro de mí esta severa experiencia. Sostuve mi peso por mis necios pies pero mi espíritu quebrantado pedía clemencia y alguien oyó mi súplica y abrió un pasillo. Me sentía un idiota, me metí a la boca del lobo además de ser un ratón de laboratorio recibiendo un escarmiento por divinidades de las sombras, el pasillo creo que era el reflejo de mi vida angosto y lineal, lleno de habitaciones cada una peor que la otra, terminó de sentenciarme y aniquilar mi alma. Comprendí de donde había sacado sus bestias H.P. Lovecraft pero creo que todavía queda corto con el festín de horrores.
Se me agotaron las lágrimas y mi corazón era sólo un metrónomo y mis pulmones una bomba cronometrada y mis convicciones eran de papel maché. El tercer castigo fue grotesco y destruyó mi psiquis, a penas entrar a la cámara final mis huellas y todo lo que recorrí se desvaneció con un suspiro agotado, era la habitación de un bebé, incómodamente sospechoso era la guinda de la torta y como un autómata ejercía mi voluntad drogada en temores, la cuna era la salida de toda esta mierda y debía encarar la bastarda prueba.
Vomité penas y miles de recuerdos bloqueados, sucumbí a la traición que me había impuesto, negar lo importante por continuar respirando es el peor error que he cometido. Vi un bebé entre mantas y ropaje, envuelto en una estela sangrienta, era un no nacido, una esperanza muerta hace años, mi vida oculta y moribunda yacía en esa cuna. Mi promesa de hijo el cual perdí por el caprichoso azar, seguía latente y más que nunca, me obligué a olvidarlo y enterrarlo en lo más recóndito de mi inconsciente. El peso de lo inevitable cayó y aplastó mi humanidad, me la arrebató y me volví un ánima planeando por la inconsolable realidad.
Caí rendido de rodillas implorando misericordia un retorno y un nuevo olvido, sentí por primera vez a ese dios implacable, un dios absorto que sólo observa como nos matamos lentamente. Cerré los ojos y usé mi última arista de vida en reconocer mis errores y admitir derrotas, pedir con lo que me quedaba de alma carcomida una redención, un perdón y un adiós.
Desperté de tres sueños uno tras otro, como un abismo que atravesaba cada plano hasta caer en mí, lloraba porque debía, sufría porque era lo justo y necesario, recordaría hasta el final esta catarsis tan contrariada, el final era claro y el principio era incierto. No volví a hacer nunca más un viaje astral pero siempre llevaré conmigo la cruda moraleja del olvido, hoy sentí la noche mas pesada que nunca y mi muerte ya la había vivido, desenterré verdades desastrosas y conmigo llevo una liberación absoluta pero consigo lleva la condena de vivirla, vivir esa absoluta redención, ya no debo nada a nadie, ni ellos a mí, a veces los oigo llamarme para jugar un rato, perdí mi cabeza y la orientación, al menos sé que no hay peor muerte que la vida y peor recuerdo que el olvido.
Y que no hay un dios vivo o al menos es un infame maricón sonriente. No volveré a soñar jamás.
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