El Mañana Es Hoy

Hace un mes aproximadamente tuve un sueño devastador, más que un sueño fue una encarnación onírica, premonición empírica, qué sé yo. Sólo despertaba y podía recordar quien era, estaba agotado como si tuviera un temporizador en el pecho y detonaría sin dudar, me sentía ligero pero abrumado.
Me palpitaban las manos y mis párpados eran un telón, miré mis manos y las cruzaban venas como autopistas que cansadas de ser recorridas pedían a gritos piedad, invadidas por trabajo, el tiempo y manchas hepáticas... a penas podía empuñarlas. La vista abochornada incomodaba al reconocer donde estaba, yacía plácido en una camilla rodeada de personas que probablemente conoceré, se me hacían familiares y volvía a olvidar, la camilla era a penas más grande que yo. Podía mover aún los dedos de los pies, mi respiración entrecortada me remordió y mis pulmones solían estar mejor.
Catastrófico, pues no hay ser humano listo para morir a menos que así lo desee. No habría elegido una muerte tan cliché pero ya saben como funciona esto. Aunque vaciaba mis lamentos en hondas respiraciones éstas se volvían frágiles y sutiles, venía el fin y yo lo esperaba tranquilo.
Había un fuego en mi estómago como si fuera una pasión intacta pero polvorienta que me hacía respirar un poco más y volvía la curiosidad, estaba muriendo pero ¿sería una premonición, un mal sueño o aún mas importante por qué estoy soñando esto?. Todos sabemos que estamos enfermos de vida y la muerte es la cura. Me invadía un frío conmovedor, no se siente tan mal sucumbir a lo pasajero que es vivir después de todo uno vive de lo que fue, de recuerdos invasivos y futuro instantáneo como presente.
Quizás era un hijo el que me lloraba, olía bien, usaba mi mismo perfume eso me gustó, balbuceaba y sollozaba mientras intentaba despedirse. Me incomodaba morir frente a extraños, frente a sus ansiosas miradas volcánicas que esperaban el termino a un trámite biológico y a pesar de que era el protagonista me sentía en tercera persona.
No sentí voces llamarme, ni el túnel iluminado al final, tampoco mi vida en un cortometraje sólo sentía que algo dentro de mí se extinguía y comenzaba a despegar como si la gravedad estuviese al revés, caía hacia arriba, ya no sentía nada.
Estaba tranquilo y el alma templada, mi respiración se aclaraba y recobraba la nitidez al mirar. Pude observar a los enlutados congénitos, no sé si eran una prolongación de mí o un apéndice extirpable pero había algo dentro de mí que los lloraba amargamente.
Un frío llameante me fulminó sin previo aviso, me recorrió de pé a pá se sentía como un veneno mortífero de esos que te pudren por dentro, dolía como el infierno y el umbral del dolor no limitó. Morí como cualquier ser humano, siendo parte de un sketch cínico y una muerte afanada.
No sé si realmente vale la pena vivir si sé la conclusión, comencé del final y terminé en el principio, sólo queda rellenar.

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