Solo en la Piscina
Amaneció distinto a otros días no sólo por el calor abrasante y las mismas personas, un estruendo me insinuó que me levantara de la cama y esquivara las fauces de la rutina. Casi por instinto pesqué mis cosas y partí a la piscina (junto a mí) cuando iba en la micro recién me pregunté el porqué de este arrebato, tan miserable soy que mi voz interna tuvo que interferir para acogerme en la piedad sin embargo el mismo estruendo de la mañana apagó esos pensamiento, sin darme cuenta debía bajarme ya.
A pesar de que iba solo me sentía muy acompañado lo que era extraño y agradable pero no quería cuestionar más esta travesía (mi mayor defecto/condena). Tan sólo ayer pesaba una inmensidad mi ser y hoy me sentía ligero como una pluma. Almorcé como nunca en el casino y primera vez que me gusta tanto que la gente me viera, se sorprendían de sobremanera al verme único en una mesa para cuatro rodeado de familias nucleares y derivados, me insitaban a disfrutarlo más a pesar de lo incómodo que hubiera sido si lo sopesaba como de costumbre.
El cigarro después de almuerzo y mi sensación era placentera, jamás me había consentido sólo a mí, nos falta coraje para sacarnos de aventuras por temor a apabullantes miradas y la pereza símil.
Hasta ahora todo iba viento en popa hasta que las inseguridades cosecharon en mí cierta distancia con la piscina, todos estaban en familia, amigos, grupos o parejas. Me dio lata estar vagando entre ellos tan ajeno y singular pero nuevamente el mismo estruendo que me condicionaba a liberarme de las inhibiciones comunes estalló, me lancé un piquero en medio de todos y fue genial, sus ojos me clavaban y mi escudo era la indiferencia.
En fondo yo planeé todo esto pero era difícil realizarlo inconsciente después de todo soy yo (fome) aunque lo necesitaba mas que cualquier cosa. Fue revitalizante principalmente pero conociéndome me duraría una mierda este escape, jamás me había bañado solo y sé que algo me esperaba, nadé como loco como si no hubiera mañana y hasta que mis brazos se doblegaran, me sumergí en los 3 metros de profundidad hasta que mis pulmones cedieran y lo repetía una y otra vez. No sabía que hacía más que matar el tiempo y darle un puto sentido a este impulso, estaba tan cansado quería puro irme y volver a mi estado de confort intenté nadar hasta la orilla y un calambre en la pantorrilla me sucumbió, me desesperé y me estaba ahogando no podía nadar, me hundía y recordaba por qué me pasó esto, nunca pensé que de una metáfora tan simple podría ponerme de pie.
Vivo apresurado buscando motivos para mi existencia, me sofoco en la búsqueda y vuelvo con las manos pelás, creo hacer bien las cosas con mi falsa paciencia que lastimosamente es el reflejo de la inflexión de mi desesperación por ser alguien que ni siquiera sé si soy yo.
Por primera vez en mi vida entendí lo que hace no mucho me caló pero superficialmente: me dejé llevar y saben fluí, fluí, fluí. Controlé la respiración como nunca y floté con la marea que ocisionaban los demás mis sentidos inmersos en lo absorto y sólo estaba yo, ya no oía a los demás y el sol no quemaba, estaba absolutamente solo, nunca me sentí tan real y tranquilo, como una hoja sobre la superficie yacía a la deriva, supe la respuesta pero no la diré (obvio).
Tus actos tienen consecuencias que conllevan al éxito o al fracaso, los que conocemos más la derrota forjamos nuetras metas por los errores. A veces la mejor jugada es no hacer nada, dejar que sucedan las cosas por azar y sin expectativas, cuando sepas que no has tocado fondo sino que te tiraste al pozo sabrás que siempre fuiste TÚ. No es la mala suerte, magia, destino, impotencia, tus padres, las drogas, eres tú y entonces quizás también descubras la respuesta.
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