Precipicio
Yacía temblorosa y ansiosa en un rincón de los tantos pasajes que hay dentro de esa población, sujetando con una escuálida mano el codo de cobre y con la otra la lumbre que la hacía desaparecer, siempre encontraba así a la wachiturra que a pesar de un sobrenombre con gracia ocultaba la locura del desprendimiento. Bailaba cualquier cosa por una moneda para conseguir el escape favorito y si tenía suerte un cigarro para hacer abundar su resto.
Me llamaba poderosamente la atención que cuando insistía por dinero bailara pero muy cordinada como si tuviera técnica excelsa y una coordinación envidiable podía danzar y hasta caer de puntas. Nadie conocía mucho de ella aunque preguntara no les importaba demasiado.
Un día mientras celebrabamos fiestas patrias todos los vecinos se agolpaban en la esquina como si de una pelea o un cahuín se tratara sin embargo era la wachiturra que había subido hasta la cima de una torre eléctrica para posar orgullosa una bandera chilena, nadie se sorprendía por tal acto timorato más bien era el morbo de verla caer de unos 50 metros de altura aunque nunca les daba en el gusto, felina destreza demostraba al trepar y hasta con piruetas alardeaba (y no era la primera vez), ¿de dónde cresta salió?.
Conversaba con un amigo que es unos 10 años mayor que yo y conocía todos los pormenores de la pobla, justamente pasaba ella tan desconectada como siempre, saludó a mi amigo y a lo que él le respondió el saludo mas su nombre de pila que era Yovanka. Mientras divagaba revoloteando como una perdiz en una pileta le pregunté de ella:
Era una hija de yugoslavos que habían llegado después de la culminación de la segunda guerra, padre profesor y madre pintora, su orgullo su hija bailarina de ballet, talentosa y un prodigio con gran proyección que conoció los locos 90 post dictadura, tuvo mala fortuna y decisiones desprovistas de un final tan extraño a lo que un día fue su vida. No había quedado en una audiencia que la becaba para ir a Francia a explotar toda su pontencialidad y sin conocer derrotas anteriormente... cayó a un precipicio donde su círculo rondaba pero solo ella se hundió.
La pasta la hacía olvidar a sus amigos, familia, fracasos hasta algún amor lejano. No la excuso de su presente pero todos tenemos derecho a elegir como matarnos, ella estaba sentenciada por sí misma y no quería ayuda sólo quería su dosis, con ella podía soñar con su espectáculo añorado rodeados de todos los rostros que decidió olvidar y que la aplauden de pie aunque durara cinco fugaces segundos.
A veces la puedes ver bailando de aquí para allá donde el escenario es la calle, sus espectadores la gente que pasa, una reverencia y los aplausos le dan un poco más de vida hasta que el efecto se vuelva a acabar.
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