Anodino
Cobijas en ti aquel deseo punzante,
que te recuerda en qué fallaste,
palpitando cual corazón delatante.
Sin menguarte, porque en esto sabes gobernarte.
Recapacito mientras el último crepúsculo me anuncia:
que ya es muy tarde para amarte y muy pronto para olvidarte.
Pero qué sabes tú de lealtades,
pues sin exaltarte
el puñal me clavaste.
Y con impaciencia, tus orgasmos se volvían ríos con los míos y mi brío no es más que mi corazón frío, detenido por el tibio regocijo de sentirte más que a nadie. ¿Sabes? errar en verdad no nos hace mas que iguales, sólo piénsalo... vivimos en distintas realidades.
Resultaste ser el recuerdo sobre el que pienso desde lejos porque si me acerco acabaré en llamas
como las alas que cortaste cuando me llamabas desde tu cama apartada y acompañada por mis flamas
como las alas que cortaste cuando me llamabas desde tu cama apartada y acompañada por mis flamas
que se aplacaban por la piel de otro querer, que resultó ser lo que culminó con nuestros dramas
y sin penas, nuestras almas se apartaban para dar comienzo a una era llena de escenas y esquemas
que simulan como si mi vida y la tuya retrataran una eterna velada donde no caben más las lágrimas.
Pudo haber sido por ti,
pudo haber sido por mí
pero el miedo no respeta nada.
Te detienes mientras hueles cientos de caricias con olor a libro repetido y te insisto
que la traición que has cometido no se justifican con miradas comprendidas, ¡niña!
y menos si son recibidas por ojos que reflejan la ironía de perderte, ¿cómo subsisto?
pues, sellando mis párpados, donde mi imaginación nos convierta en una familia.
No te culpo dado que entiendo con recelo
que tu vida de óleo es demasiado austera
para que te fueras con promesas sin duelo,
y te concedo que las quiebres sin cautela.
Si te digo que he vivido
este mismo momento desde siempre,
te voltearías a mirarme como antes
o te marcharías a regañadientes...
pero tú nunca permaneces.
Comentarios
Publicar un comentario