De Soledad y Compañía
Estoy olvidando algunas cosas, como escribir, hace un par de años que me pasa ya, ¿serán las drogas?, ¿el exceso ímpetu de siempre añorar memorias?, ¿la insoportable latencia de recordar lo que me convenga? ¿o simplemente estoy olvidando por necesidad?
Cual sea la razón, poco me importa, ya he vivido lo suficiente para saber que ya lo he arruinado todo en mi vida, tendré mis razones y argumentos supongo, pero tampoco importan a estas alturas del juego. Soy de los que aprenden por las malas y será mi epitafio, ¿irreversible?, nunca para tanto.
Cuando cierro los ojos, en serio, donde sea, me teletransporto automáticamente a esa dimensión que es solo mía, cultivada por años en aceptación y soledad, oh! antigua amante, decorosa y reconfortante, aprendiste a vivir en mí, como si de un huésped se tratase. Ingenua del exterior, donde existen distintas causalidades andantes como yo, no se lo figura pero es leal como la hiel que corre por mi semblante. No la subestimen porque en todos vive, nadie escapa de ella, creo que muchos lo sabemos de primera mano, pero no se enemisten con ella, recíbanla como un designo del azar.
No todo es júbilo cuando hablas de soledad, domarla es insultarla, no la aceptas porque sí, siempre hay motivos en los cuales se hospeda, vacíos en el corazón, conductas destructivas, ¡inermidad! Es una travesía si te lo propones pero puede llegar a ser el motivo de una inmolación, muy fiel a su estilo, se asoma por las sombras del alma, cavando zócalos en tu mirar, apagando las últimas flamas de tu pasión final.
Es la mitad de tu vida, demostrar gratitud es cuestionable, pero es el curso del telar, si tus decisiones implican arriesgar, ¿mesura? difícil de llevar, no rectifiques las elecciones elegidas, dale sentido a las cosas que forman parte de tu vida, como la soledad, pero también a la compañía.
Hola compañía, un tobogán de experiencias compartidas, cualquier nexo que compartas con otro ser sintiente es residual y repleta de estímulos, cosas únicas e irrepetibles, como el tiempo mismo, como el tacto al cielo, como un diván de lo nuestro. Retroalimentiva o no, son situaciones que suceden día a día, incesablemente, en distintos niveles, diferentes intensidades, en diferidas percepciones. Hay compañías resueltas y despectivas, irascibles y receptivas, furiosas y reservadas, complejas y algo simples, superfluas o finitas. Es un oleaje salvaje que emerge de lo que le plazca la gana, como un receptáculo de embestidura en nuestras vidas, abordarla apresuradamente conlleva al conflicto, la inminente y necesaria resolución alivia el dolor, pero no la traición, ¡No!
Compañía mía, dulce como la respiración de la mañana postergada, como trenes en distintos rieles que se topan de estación en estación. Amarga como el placentero sabor de el final de una calada de tabaco, como esas ganas de estrecharte contra mi cama, de pensarte a cada instante. Sumerges mi esencia hasta lo más fondo de mis emociones, donde nacen las verdades, aquellas verdades que ni tú mismo te las conoces, aquellas verdades que pesan pero cuentas con una espalda en la cual recostarte, desorientante.
Hondas es mis temores y los reclamas, como si de un botín se hablase, alardeas graciosamente como si de tu recompensa lograste, me embargas de una embriaguez caudalosa y férrea, me pierdo entre tus piernas, despierto y no con mucho espacio, miro hacia el lado y un trazo retratado me dice que ya he despertado.
Cuadrados, Círculos u Obtusos
ya no me importa como sea el mundo
pandora desbocada, la llamas por sangre
mis fechas, mis soles, tus jergas, tus razones
son lo que rigen mi norte, tu aliento es mi hambre
suplico a los desquicios, que se retuerzan en mis venas
que tu peso sea mi elemento y la gravedad, sea la simplicidad
de explorar lo esencial, para no olvidar lo primordial, nadie más.
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